Liderar sin título favorece el sentido de pertenencia en la empresa

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Categoría: Desarrollo Empresarial, Noticias

Liderar sin título favorece el sentido de pertenencia en la empresa

Nos quejamos de la baja motivación  de nuestros equipos. ¿Y la nuestra disminuye con el tiempo? también. Mantener un nivel saludable de motivación requiere cuidar y trabajar  el sentido de pertenencia que las personas sentimos hacia  la empresa.

Como gestores de un negocio, esperamos obtener productividad y  rentabilidad. ¿Vedad? Esto resulta más fácil cuando  la tarea requiere por parte de las personas solo “hacer”, por ejemplo en una cadena de montaje.

La cosa se complica cuando  “el conocimiento” es una variable fundamental, que añade valor al proceso de producción del producto o servicio.

Es entonces cuando necesitamos la “voluntad” de las personas, para contribuyan al logro de esos objetivos.

“Como líderes tenemos la misión de cultivar el vínculo de la confianza. Y dar reconocimiento si queremos fortalecer el sentido de pertenencia de las personas hacia la empresa”.

El reconocimiento y la confianza son la semilla que hace crecer el compromiso de las personas con la empresa. Es entonces cuando toma sentido  pertenecer a ella.

Durante unos meses he realizado una encuesta a 100 directivos o empresarios con una sola pegunta:

¿Quién forma parte de tu empresa?

Las respuestas han sido variadas, es vedad, pero sin el ánimo de elevar el resultado al nivel de estadística, quiero compartir algún dato que me ha llamado la atención.

  • Más del 40%  olvidó mencionar a los clientes
  • el 70 %   entre otras ,respondió “mi equipo”
  • y un 80 % contestó “Yo” en primer lugar.

Estas respuestas me han hecho pensar sobre “El valor que otorgamos a la influencia de las  relaciones laborales con respecto a los resultados que obtenemos”.
Quizás estamos tan ocupados con los resultados, que nos llegamos a olvidar de quien y como, se construyen.

En el año 2013  asistí a una conferencia de Robin Sharma en Madrid. Él es un referente internacional en materia de liderazgo. Es autor de 11 bestsellers, que han sido publicadas en 60 países y 70 idiomas.

Entre ellas,  El líder que no tenía cargo. Una metáfora sobe liderazgo, que me  atrapó desde el inicio. En ella rompe con el mito de que es necesario tener un título o cargo, para ser un líder. Y nos Invita a pensar en lo que él llama:

Los cuatro poderes naturales que todos tenemos

  1. Todos tenemos el poder de ir cada día al trabajo y da lo mejo de nosotros mismos. . Y  para eso no hace falta tener un cargo.
  2. Todos tenemos el poder de inspirar, influir y ensalza a todas las personas con las que nos encontremos mediante el don del buen ejemplo. Y  para eso no hace falta tener un cargo.
  3. Todos podemos crear cambios positivos ante condiciones negativas. Y  para eso no hace falta tener un cargo.
  4. Todos podemos tratar a los implicados en una organización con respeto, aprecio y bondad, y al hacerlo, elevar la cultura de la organización a lo mejor de lo mejor. Y  para eso no hace falta tener un cago.

Si todos podemos o más bien debemos, cultivar esos poderes, ¿Qué nos impide hacerlo?

En mi opinión, el mayor enemigo del liderazgo es  nuestra propia ceguera emocional. Ese ojo de la cerradura por el que hemos aprendido a mirar el mundo. Esa manera de hacer las cosas que repetimos una y otra vez, aún sin obtener los resultados que deseamos.

Liderar sin título

¿Por qué nos cegamos emocionalmente?

Cuando  hemos invertido tiempo, dinero y trabajo en un proyecto laboral, tendemos a creer que el peso y la responsabilidad del triunfo es únicamente nuestro.

Entonces nos enfundamos en un traje de neopreno, de esos que llevan los buzos, para evitar la entrada de agua en su interior. Con la ilusión de protegernos para mantener el control,  nos creemos impermeables, y resistentes al contacto con el otro.

Una protección que nos impide mostrarnos con autenticidad, con arrogancia o victimismo, es igual, las dos son fruto de la inseguridad.

“Por exceso o por defecto, la arrogancia o el victimismo nos impiden arriesgarnos a cambiar”.

Desde esa posición es complicado generar confianza. Y sin ella no existe sentido de pertenecía, ni compromiso, ni productividad.

Debemos creer en nosotros mismos, sí, y al mismo tiempo,  facilitar que los demás crean en ellos.

Charles Plumb, era piloto de un bombardero en la guerra de Vietnam.

Después de muchas misiones de combate, su avión fue derribado por un misil.

Plumb se lanzó en paracaídas, fue capturado y pasó seis años en una prisión norvietnamita. A su regreso a Estados Unidos, daba conferencias relatando su odisea y lo que aprendió en la  prisión.

Un día estaba en un restaurante y un hombre lo saludó:

Le dijo: «Hola, ¿usted es Charles Plumb, era piloto en Vietnam y lo derribaron,  verdad?»

«Y usted, ¿cómo sabe eso?», le preguntó Plumb.

«Porque yo empacaba su paracaídas. Parece que le funcionó bien, ¿verdad?»

Plumb casi se ahogó de sorpresa y con mucha  gratitud le respondió.

“¡Claro que funcionó! Si no hubiera funcionado, hoy yo no estaría aquí.»

Plumb no pudo dormir esa noche, “Se preguntaba ¿Cuántas veces vi en el portaviones a ese hombre, y nunca le dije buenos días, yo era un arrogante piloto y él era un humilde marinero?»

Pensó en las horas que ese marinero, pasó en las entrañas del barco enrollando los hilos de seda de cada paracaídas, teniendo en sus manos la vida de alguien que no conocía.

Eso cambió profundamente a Plumb, ahora comienza sus conferencias  preguntándole a su audiencia:

¿»Quién empacó hoy tu paracaídas?».

Todos tenemos a alguien cuyo trabajo es importante para que nosotros podamos salir adelante. Uno necesita muchos paracaídas en el día: uno físico, uno emocional, uno mental y hasta uno espiritual.

A veces, en los desafíos que la vida nos lanza, perdemos de vista lo que es verdaderamente importante y a las personas que nos salvan en el momento oportuno sin que se lo pidamos.

Dejamos de saludar, de dar las gracias, de felicitar a alguien o  decir algo amable sólo porque sí.

Una empresa va de eso, de personas. Al  igual que en el amor,  la magia de confianza surge de la entrega y del reconocimiento mutuo. Twitter

Da igual el tamaño que tenga la empresa. Todos tenemos personas que forman parte de la actividad. Tus clientes, tus colaboradores, e incluso el señor que todas las mañanas, te pone el café antes de que comiences la jornada laboral.

Hoy, esta semana, este año, cada día, trata de darte cuenta de quién empaca tu paracaídas, y agradécelo.

A veces a las personas nos motivan cosas sencillas, el reconocimiento, una palabra “gracias”  o  una simple sonrisa. Revisemos el “traje” que llevamos puesto…

Transformar nuestra empresa para que  la que la gente quiera formar parte de ella, es lo único que depende realmente de nosotros.

Si queréis descubrir más sobre como aprender a liderar sin título, os dejo el enlace a esta conferencia.

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